No rechazarás mi alma
He Zain Yud
Valor 22
Salmo 88:15
לָמָ֣ה יְ֭הוָה תִּזְנַ֣ח נַפְשִׁ֑י תַּסְתִּ֖יר פָּנֶ֣יךָ מִמֶּֽנִּי׃
¿Por qué, Hashem, rechazarás mi alma? ¿Ocultarás Tu rostro de mí?
El nombre de Dios se encuentra en estas 3 palabras:
לָמָ֣ה תִּזְנַ֣ח נַפְשִׁ֑י
¿Por qué rechazarás mi alma?
Salmo 88 completo, traducido del hebreo
Versículo 1
שִׁיר מִזְמוֹר לִבְנֵי־קֹרַח לַמְנַצֵּחַ עַל־מָחֲלַת לְעַנּוֹת מַשְׂכִּיל לְהֵימָן הָאֶזְרָחִי׃
Cántico. Salmo de los hijos de Coré. Al director. Sobre Majalat. Para aflicción. Masquil de Hemán el ezrajita.
Versículo 2
יְהוָה אֱלֹהֵי יְשׁוּעָתִי יוֹם־צָעַקְתִּי בַלַּיְלָה נֶגְדֶּךָ׃
Hashem, Elohei de mi salvación; de día clamé, de noche delante de Ti.
Versículo 3
תָּבוֹא לְפָנֶיךָ תְּפִלָּתִי הַטֵּה־אָזְנְךָ לְרִנָּתִי
Que venga delante de Ti mi oración; inclina Tu oído hacia mi clamor.
Versículo 4
כִּי־שָׂבְעָה בְרָעוֹת נַפְשִׁי וְחַיַּי לִשְׁאוֹל הִגִּיעוּ׃
Porque se ha saciado de males mi alma, y mi vida ha llegado al Sheol.
Nota: Aquí el texto no dice “sepulcro”, sino Sheol.
Versículo 5
נֶחְשַׁבְתִּי עִם־יוֹרְדֵי בוֹר הָיִיתִי כְּגֶבֶר אֵין־אֱיָל׃
Fui contado con los que descienden al pozo; fui como un hombre sin fuerza.
Versículo 6
בַּמֵּתִים חָפְשִׁי כְּמוֹ חֲלָלִים שֹׁכְבֵי קֶבֶר אֲשֶׁר לֹא זְכַרְתָּם עוֹד וְהֵמָּה מִיָּדְךָ נִגְזָרוּ׃
Libre entre los muertos, como los muertos por la espada que yacen en el sepulcro, de quienes ya no Te acuerdas; ellos fueron cortados de Tu mano.
Versículo 7
שַׁתַּנִי בְּבוֹר תַּחְתִּיּוֹת בְּמַחֲשַׁכִּים בִּמְצֹלוֹת
Me pusiste en el pozo de las profundidades, en lugares oscuros, en las honduras.
Versículo 8
עָלַי סָמְכָה חֲמָתֶךָ וְכָל־מִשְׁבָּרֶיךָ עִנִּיתָ סֶּלָה׃
Sobre mí se apoyó Tu ira, y con todas Tus olas me afligiste. Selah.
Versículo 9
הִרְחַקְתָּ מְיֻדָּעַי מִמֶּנִּי שַׁתַּנִי תוֹעֵבוֹת לָמוֹ כָּלֻא וְלֹא אֵצֵא׃
Alejaste de mí a mis conocidos; me pusiste como abominación para ellos; encerrado estoy y no salgo.
Versículo 10
עֵינִי דָאֲבָה מִנִּי עֹנִי קְרָאתִיךָ יְהוָה בְּכָל־יוֹם שִׁטַּחְתִּי אֵלֶיךָ כַפָּי׃
Mi ojo languidece por la aflicción; a Ti llamé, Hashem, todo el día; hacia Ti extendí mis manos.
Versículo 11
הֲלַמֵּתִים תַּעֲשֶׂה־פֶּלֶא אִם־רְפָאִים יָקוּמוּ יוֹדוּךָ סֶּלָה׃
¿A los muertos harás maravilla? ¿Se levantarán los refaím para darte gracias? Selah.
Versículo 12
הַיְסֻפַּר בַּקֶּבֶר חַסְדֶּךָ אֱמוּנָתְךָ בָּאֲבַדּוֹן׃
¿Será contado en el sepulcro Tu hesed, Tu fidelidad en el Abadón?
Versículo 13
הֲיִוָּדַע בַּחֹשֶׁךְ פִּלְאֶךָ וְצִדְקָתְךָ בְּאֶרֶץ נְשִׁיָּה׃
¿Será conocida en la oscuridad Tu maravilla, y Tu justicia en la tierra del olvido?
Versículo 14
וַאֲנִי אֵלֶיךָ יְהוָה שִׁוַּעְתִּי וּבַבֹּקֶר תְּפִלָּתִי תְקַדְּמֶךָּ
Y yo, hacia Ti, Hashem, clamé; y por la mañana mi oración se adelanta ante Ti.
Versículo 15
לָמָה יְהוָה תִּזְנַח נַפְשִׁי תַּסְתִּיר פָּנֶיךָ מִמֶּנִּי׃
¿Por qué, Hashem, rechazas mi alma? ¿Ocultas Tu rostro de mí?
(Ver 05-mem-he-shin para “ocultarás tu rostro de mí”)
Versículo 16
עָנִי אֲנִי וְגֹוֵעַ מִנֹּעַר נָשָׂאתִי אֵמֶיךָ אָפוּנָה׃
Afligido soy yo y agonizante desde la juventud; llevé Tus terrores, estoy aturdido.
Versículo 17
עָלַי עָבְרוּ חֲרוֹנֶיךָ בִּעוּתֶיךָ צִמְּתוּתֻנִי׃
Sobre mí pasaron Tus ardores; Tus espantos me destruyeron.
Versículo 18
סַבּוּנִי כַמַּיִם כָּל־הַיּוֹם הִקִּיפוּ עָלַי יָחַד׃
Me rodearon como aguas todo el día; me cercaron juntamente.
Versículo 19
הִרְחַקְתָּ מִמֶּנִּי אֹהֵב וָרֵעַ מְיֻדָּעַי מַחְשָׁךְ׃
Alejaste de mí al que ama y al compañero; mis conocidos: oscuridad.
El versículo que contiene el nombre plantea, en realidad, dos preguntas: ‘¿Por qué rechazarás mi alma?’ y ‘¿Ocultarás Tu rostro de mí?’. El ocultamiento del rostro ya lo exploramos en el nombre Mem He Shin, donde vimos que el rostro de Hashem se oculta o resplandece según el pueblo se aleje o se vuelva hacia Él 05-mem-he-shin. Aquí conviene detenernos en la otra pregunta, porque ‘rechazar el alma’ apunta directamente a una de las palabras que dominan todo el salmo y que aparece ya desde el versículo 4: Sheol.
El Sheol
La primera vez que aparece la palabra Sheol en la Biblia es en Génesis 37:35:
לה וַיָּקֻמוּ֩ כָל־ בָּנָ֨יו וְכָל־ בְּנֹתָ֜יו לְנַחֲמ֗וֹ וַיְמָאֵן֙ לְהִתְנַחֵ֔ם וַיֹּ֕אמֶר כִּֽי־ אֵרֵ֧ד אֶל־ בְּנִ֛י אָבֵ֖ל שְׁאֹ֑לָה וַיֵּ֥בְךְּ אֹת֖וֹ אָבִֽיו׃
Entonces se levantaron todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo, pero él rehusó ser consolado, y dijo: “Porque descenderé hacia mi hijo en duelo, al Sheol”. Y su padre lloró por él.
En este pasaje Jacob habla en futuro: descenderé hacia mi hijo en duelo permanente, hacia el Sheol. ¿Pero quién habla del Sheol? Jacob. ¿Y quién cree Jacob que está en el Sheol? José. Ambos hombres justos ante los ojos de Hashem.
Luego, en Números se expone cómo son tragados vivos y enviados al Sheol aquellos que transgredieron y traicionaron a Hashem. Esto implica para mí que, de acuerdo a este versículo, no existe un lugar que discrimine a justos o malvados después de la muerte: todos irán al Sheol.
Números 16:33:
וַיֵּ֨רְד֜וּ הֵ֣ם וְכָל־ אֲשֶׁ֥ר לָהֶ֛ם חַיִּ֖ים שְׁאֹ֑לָה וַתְּכַ֤ס עֲלֵיהֶם֙ הָאָ֔רֶץ וַיֹּאבְד֖וּ מִתּ֥וֹךְ הַקָּהָֽל׃
Y descendieron ellos y todo cuanto les pertenecía, vivos, al Sheol; la tierra los cubrió, y desaparecieron de en medio de la congregación.
Posteriormente, en el Salmo 16 hay una promesa:
כִּ֤י ׀ לֹא־ תַעֲזֹ֣ב נַפְשִׁ֣י לִשְׁא֑וֹל לֹֽא־ תִתֵּ֥ן חֲ֝סִידְךָ֗ לִרְא֥וֹת שָֽׁחַת׃
Salmo 16:10: “Porque no dejarás mi alma en el Sheol, ni permitirás que Tu fiel vea la fosa.”
Esto implica que los justos no permanecerán en el Sheol. Es coherente también con el Salmo 139, que parece responder la pregunta formulada anteriormente en el Salmo 88:
אִם־אַצִּיעָה שְּׁאוֹל הִנֶּךָּ
“Si hago mi lecho en el Sheol, he aquí, allí estás Tú.”
¿Podría suponer que el autor del Salmo 88 no conocía el contenido del Salmo 16? ¿O se trata más bien de una pregunta retórica que lleva a la respuesta ya dada por el salmo anterior? Pienso que se trata de lo segundo, pues en el Salmo 16 la creación y la relación del hombre con Hashem no terminan con la vida, sino que se trata de una relación imperecedera donde el ser trasciende la vida y la muerte gracias a la relación con Hashem.
Entonces surge nuevamente la pregunta:
לָמָ֣ה תִּזְנַ֣ח נַפְשִׁ֑י
¿Por qué rechazarás mi alma?
Y la respuesta surge del texto del salmo anterior y de las mismas preguntas formuladas, como aquel que pregunta para forzar la respuesta que ya es obvia: No te abandonaré. Ni siquiera en el Sheol.
- Porque hará Su milagro a los muertos, y se levantarán para alabarte.
- Porque Tu misericordia prevalece en el sepulcro, y Tu fidelidad en el Abadón.
- Porque Tus maravillas y Tu justicia serán conocidas incluso allí.
En el nombre anterior se hablaba de conocer a Hashem. En este, el concepto trasciende hacia toda la eternidad, incluso en el Sheol.
Mi reflexión
Este nombre ha movido profundamente mi comprensión de la relación entre el hombre y Hashem. Hasta ahora había venido descubriendo un camino: volver a Hashem, recibir Su gracia, ser sostenido durante el sueño, comprender Su fidelidad en la aflicción y la misericordia en el juicio. Sin embargo, este nombre lleva esa relación hasta el límite último de la existencia: la muerte. Y es precisamente allí, donde tantas tradiciones han fomentado el miedo, el castigo o la separación definitiva, que la Escritura parece revelar algo completamente distinto. La pregunta ya no es qué sucede después de la muerte, sino si la relación con Hashem termina allí. Después de recorrer la Torá y los Salmos, mi respuesta es que no. La relación no se rompe. Permanece. Hashem permanece.
Quizá por eso este nombre me hace tambalear muchas ideas que durante siglos han dominado gran parte del pensamiento religioso. Si el Sheol es el destino común tanto del justo como del impío, como muestran las escrituras sobre Jacob en Génesis y los rebeldes en Números, entonces el verdadero punto de diferencia no es llegar al Sheol, sino permanecer allí.
David ya había anticipado anteriormente: «Porque no abandonarás mi alma al Sheol». Más adelante afirma: «Si hago mi lecho en el Sheol, allí estás Tú.» Entonces el centro deja de ser el cielo o el infierno para convertirse en algo infinitamente más profundo: una relación que no cesa jamás.
La misericordia de Hashem, Su fidelidad, Sus maravillas y Su justicia alcanzan incluso aquello que el hombre considera el último límite. No porque el Sheol sea un premio, sino porque la presencia de Hashem trasciende la vida y la muerte. El sentido de que “Tus maravillas y Tu justicia serán conocidas incluso allí” podría ser, entonces, que ese conocimiento llegue también a otros, para que puedan conocer a Hashem incluso en el Sheol.
Al releer el Salmo 88 descubrí además algo que había pasado por alto. Casi todo el salmo está escrito como un recuento de una vida entera. Me has puesto… me has afligido… has alejado… he clamado… he extendido mis manos… No es la queja de un instante de desesperación. Es alguien que mira hacia atrás y contempla todo lo que ha vivido junto a Hashem. Solo al final cambian los verbos al futuro: «¿Por qué rechazarás mi alma? ¿Ocultarás Tu rostro de mí?» Comprendí entonces que la pregunta ya no pertenece a esta vida. Toda la vida ya ha sido relatada. Solo queda una realidad por descubrir: ¿continuará esta relación en el Sheol? Y la respuesta, paradójicamente, ya había sido dada antes de formular la pregunta: «No abandonarás mi alma al Sheol».
Esta lectura transforma completamente el sentido del mismo salmo. Lo que siempre había sido presentado como el salmo más oscuro y más triste comienza a revelarse como un salmo de enseñanza, un Masquil. La sabiduría no consiste aquí en evitar el sufrimiento, sino en aprender a leer toda la existencia desde la permanencia de Hashem. La aflicción, la enfermedad, la soledad, el Sheol e incluso la muerte dejan de ser el final de la historia para convertirse en escenarios donde la fidelidad de Hashem continúa manifestándose. No cambia la realidad; cambia la forma de leerla. Quizá por eso este nombre inaugura el recorrido de Jojmá, la Sabiduría. Después de haber descubierto en Kéter quién es Hashem y cómo sostiene al hombre, comienza ahora el aprendizaje de interpretar toda la existencia desde esa verdad.
Todo esto me condujo también a releer a Salomón. «Vanidad de vanidades, todo es vanidad.» Sí, todo es vanidad: las riquezas, el poder, la gloria, los logros e incluso la propia vida pasan. Pero precisamente por eso emerge con más fuerza aquello que no pasa. Si todo termina, solo permanece una realidad que da sentido a todo lo demás: conocer a Hashem. La vida adquiere entonces un propósito completamente distinto. Vivimos para conocer a Hashem. Somos transformados para conocer a Hashem. Somos redimidos para conocer a Hashem. Por eso ese conocimiento deja de ser un conocimiento intelectual para convertirse en una forma de vivir. Y si esa relación no termina ni siquiera en el Sheol, entonces el conocimiento de Hashem no pertenece solamente al tiempo, sino a la eternidad. Quizá ese sea el único sentido que permanece cuando toda la vanidad ha desaparecido.
Quizá esto sea precisamente lo que Viktor Frankl llamaba el suprasentido: un sentido que trasciende todas las circunstancias particulares porque las contiene y les da unidad. Frankl sostenía que la pregunta correcta no es qué esperamos de la vida, sino qué espera la vida de nosotros. Pero al recorrer la Torá y los Salmos siento que esa intuición puede ir todavía más lejos: la pregunta no proviene solamente de la vida, sino de Hashem mismo. Cada circunstancia se convierte en una pregunta que Él dirige al hombre. La cuestión deja de ser: ¿Qué respuesta debo darle a la vida? para convertirse en: ¿Cómo puedo conocer a Hashem en esta situación? ¿Qué aspecto de Él puedo conocer aquí que no habría conocido de otra manera? Cada alegría, cada pérdida, cada enfermedad, cada encuentro, cada fracaso y cada aflicción dejan de ser acontecimientos aislados para convertirse en oportunidades de conocer un aspecto más profundo de Hashem. La vida deja de ser una sucesión de experiencias y se convierte en una escuela permanente de conocimiento de Dios.
Esta idea de conocer a Hashem, sin embargo, merece detenerse en la palabra misma que la nombra: La palabra hebrea יָדַע (yada) no significa únicamente adquirir información. En la Escritura, conocer es una palabra profundamente relacional. Se conoce a alguien caminando con él, viviendo con él, experimentándolo a lo largo del tiempo. Por eso, cuando David dice: «Conozco, Hashem…», no está afirmando que ha aprendido algo acerca de Dios; está diciendo que ha llegado a conocerlo por haber recorrido la vida junto a Él. Esto cambia completamente la perspectiva. El propósito ya no consiste en estudiar a Hashem como un concepto, sino en vivir de tal manera que toda la existencia se convierta en una oportunidad para conocerlo.
Entonces toda la existencia cambia de significado. Una enfermedad deja de ser solamente una enfermedad; puede revelar Su consuelo. Una pérdida puede revelar Su fidelidad. Una espera puede revelar Su paciencia. Una corrección puede revelar Su justicia. Una noche puede revelar Su presencia. Y un despertar puede revelar, una vez más, que continúa sosteniendo la vida. Incluso aquellas personas que aparecen inesperadamente para tender una mano, ofrecer ayuda o responder a una necesidad pueden convertirse en instrumentos mediante los cuales Hashem manifiesta Su providencia. No porque ellas sean ángeles, sino porque Hashem puede servirse de ellas como mensajeros de Su misericordia. Quizá los verdaderos milagros no sean acontecimientos extraordinarios, sino aprender a reconocer la acción constante de Hashem en medio de lo cotidiano.
Si esto es Jojmá, entonces comprendo por qué comienza precisamente después de Kéter. Primero Hashem se revela. Después el hombre aprende a reconocer esa presencia en todas las cosas. La sabiduría no consiste en que Hashem comience a actuar en nuestra vida; consiste en que nuestros ojos comiencen a descubrir que nunca ha dejado de hacerlo. Quizá ese sea el comienzo de toda verdadera sabiduría: vivir cada instante preguntándose no simplemente qué está ocurriendo, sino qué está revelando Hashem de Sí mismo a través de ello.
Esta misma sabiduría se revela también en una palabra específica que David elige con cuidado. David no utiliza la palabra אֱמֶת (emet), que significa verdad. Utiliza אֱמוּנָה (emuná), fidelidad. La diferencia es enorme. La verdad puede describir una realidad; la fidelidad solo puede existir dentro de una relación. David no dice: «Con verdad me afligiste.» Dice: «Con fidelidad me afligiste.» La aflicción deja entonces de ser la evidencia de un abandono para convertirse en la manifestación de una fidelidad que permanece incluso cuando corrige.
Esta palabra conecta inmediatamente con el nombre anterior (Aleph Caf Aleph). Allí Hashem sostiene al hombre incluso cuando duerme y ha cesado toda actividad consciente. Ahora se revela por qué lo sostiene: porque Su fidelidad nunca se interrumpe. Hashem sostiene porque es fiel. No sostiene unas veces sí y otras no. Su fidelidad no depende de las circunstancias del hombre; pertenece a Su propia naturaleza.
Esta fidelidad que sostiene tiene, además, una raíz que se remonta al origen mismo del hombre. La creación del hombre posee una característica única dentro del relato del Génesis. Todo lo creado surge por la palabra de Elohim. Sin embargo, cuando llega el momento de crear al hombre, el texto cambia deliberadamente el Nombre divino. Ya no dice solamente Elohim, sino Hashem Elohim. El hombre es formado del polvo, pero no vive hasta que Hashem Elohim insufla en él el aliento de vida. La vida humana no nace únicamente del polvo, sino del encuentro entre el polvo y aquello que procede directamente de Hashem.
Más adelante la Escritura afirma que el polvo volverá a la tierra. Sin embargo, nunca dice que el aliento de vida vuelva al polvo. Al contrario, Eclesiastés declara que el espíritu vuelve a Dios que lo dio. Esto me lleva a pensar que la muerte afecta aquello que fue formado de la tierra, pero no aquello que procede de Hashem. El aliento que da vida no pertenece al polvo; pertenece a Aquel que lo insufló.
Si además Hashem revela Su misericordia y Su fidelidad como atributos eternos, entonces la continuidad del alma no depende de una capacidad propia del hombre, sino de la naturaleza misma de Hashem. Aquello que Él comunica como vida permanece sostenido por Su fidelidad. Por eso la pregunta del Salmo 88 no gira alrededor del cuerpo, sino del alma: «¿Por qué rechazarás mi alma?» Y la respuesta ya había sido dada en el mismo libro de los Salmos: «No abandonarás mi alma al Sheol».
La muerte puede deshacer el cuerpo formado del polvo, pero no puede destruir aquello que Hashem insufló. Si el aliento de vida procede de Él y Su misericordia es eterna, entonces la muerte no constituye la desaparición del alma, sino la continuidad de una vida sostenida por la fidelidad de Hashem.
Efectos de la aproximación a Hashem a través de esta energía
- Superación del duelo desde la raíz y conexión con la dimensión espiritual.
- Descubrir que el sentido último de la existencia es conocer a Hashem.
- Transformar la manera de interpretar toda circunstancia de la vida.
- Sustituir la pregunta «¿por qué?» por «¿para qué?».
- Comprender que cada acontecimiento es una oportunidad para conocer un atributo de Hashem.
- Reconocer que la relación con Hashem trasciende la vida y la muerte.
- Aprender a leer incluso la aflicción, la enfermedad y la muerte desde la permanencia de Hashem.
- Descubrir que la verdadera sabiduría consiste en responder a Hashem en cada situación de la vida.
- Comenzar a vivir desde el suprasentido: conocer a Hashem.
- La vida deja de ser una sucesión de acontecimientos para convertirse en un camino permanente de conocimiento de Hashem.
- El temor deja de gobernar la relación con Hashem; el conocimiento de Hashem pasa a ser el centro de la existencia.
- Ayuda a transformar el duelo al comprender que la relación con Hashem no termina con la muerte.
- Fortalece la esperanza en la permanencia de la misericordia y la fidelidad de Hashem más allá de la vida.
- Permite contemplar la muerte desde la continuidad de la relación con Hashem y no desde la ruptura definitiva.
- La muerte deja de ser el final de la relación para convertirse en el lugar donde la fidelidad de Hashem continúa manifestándose.
Referencias
Los Salmos fueron consultados en HebrewBible y Sefaria. Las traducciones al español de los textos bíblicos son propias de la autora y buscan ser literales respecto del texto hebreo. Cuando se utilizan textos de otras fuentes, la traducción al español se indica como traducción propia de la autora.
La correspondencia entre salmo y nombre así como las palabras donde aparecen las letras de los nombres de Dios se consultaron en Gozlan. (2012). La Kabbalah de la Conexión con D-ios.
Salmo 88.
Salmo 16:10.
Salmo 139.
Génesis 37:35.
Génesis 2:7.
Números 16:33.
Eclesiastés 12:7.
Frankl, Viktor E. El hombre en busca de sentido.
