Como quienes se lamentan mal ante los oídos de Hashem

El lamento mal encaminado

En Números 11:1 aparece una expresión que adquiere una fuerza particular cuando se observa cuidadosamente su construcción:

וַיְהִי הָעָם כְּמִתְאֹנְנִים רַע בְּאׇזְנֵי יְהֹוָה

«Y sucedió que el pueblo estaba como quienes se lamentan mal ante los oídos de Hashem.»

La palabra כְּמִתְאֹנְנִים contiene el prefijo כְּ־, “como”, por lo que el texto no afirma simplemente que el pueblo se lamentaba. Presenta al pueblo como quienes se lamentan, describiendo una actitud, una manera de comportarse o de expresarse semejante a la de alguien que está afligido. El problema aparece inmediatamente después en רַע בְּאׇזְנֵי יְהֹוָה, “mal ante los oídos de Hashem”. De esta manera, lo que resulta problemático no es necesariamente el lamento en sí mismo, sino la manera en que ese lamento se presenta ante Hashem.

Esta distinción resulta fundamental. El hombre puede decir: «Hashem, estoy sufriendo», y ese lamento todavía está dirigido hacia Hashem. El dolor no ha roto la relación; por el contrario, el hombre lleva su sufrimiento precisamente ante Aquel con quien mantiene una relación. Pero existe otra posibilidad: que el sufrimiento se transforme en acusación: «Hashem no me escucha», «Hashem permite que me sucedan estas cosas», «¿cómo puede Hashem hacerme pasar por esto?». En ese momento el lamento puede comenzar a convertirse en una razón para apartarse de Él. El dolor deja de ser algo que se lleva ante Hashem y empieza a convertirse en un argumento contra Hashem.

Esta distinción me recuerda profundamente una enseñanza que recibí de mi abuela Reina. Ella decía que renegar de Hashem atraía castigo. Con el tiempo, al encontrar este pasaje, esa enseñanza adquirió para mí un significado diferente. Renegar no tendría que entenderse simplemente como estar molesto, sufrir o incluso expresar una queja. Se puede sufrir y lamentarse delante de Hashem sin dejar de caminar hacia Él. El problema aparece cuando el lamento se mal encamina y se transforma en un pretexto para alejarse de Hashem.

Esta lectura encuentra un respaldo particularmente significativo en Rashi sobre Números 11:1. Rashi explica:

כמתאננים — מבקשים עלילה האיך לפרוש מאחרי המקום

«Como quienes se lamentan: buscaban un pretexto para apartarse de seguir al Omnipresente.»

Rashi, por tanto, no presenta simplemente al pueblo como personas que estaban expresando dolor. Introduce una intención detrás de aquella conducta: buscar una עלילה, un pretexto, para apartarse de Hashem. Desde esta perspectiva, el lamento puede ser la apariencia exterior, mientras que detrás de él existe otra dirección. El pueblo parece lamentarse, pero el lamento se convierte en un instrumento para justificar el alejamiento.

Y aquí aparece una diferencia que considero esencial: lamentarse no es lo mismo que renegar. El lamento puede incluso acercar al hombre a Hashem cuando se dirige hacia Él. «Hashem, estoy sufriendo» todavía es una forma de relación. El reniego comienza cuando el sufrimiento se convierte en una explicación para abandonar esa relación: «Hashem no me escucha», «Hashem permite que esto ocurra», «por esto ya no puedo seguir confiando en Él». El problema no está necesariamente en que exista dolor, sino en qué hacemos con ese dolor y hacia dónde lo dirigimos.

Además, el texto no presenta esta situación como un problema exclusivamente individual. El sujeto es הָעָם — “el pueblo”. La conducta se describe colectivamente y sus consecuencias también adquieren una dimensión colectiva:

וַיִּשְׁמַע יְהֹוָה
«Y Hashem oyó»

וַיִּחַר אַפּוֹ
«y se encendió Su ira»

וַתִּבְעַר־בָּם אֵשׁ יְהֹוָה
«y ardió en ellos fuego de Hashem»

La actitud que comienza como una manera de relacionarse con el propio sufrimiento termina afectando al campamento. Esto hace que el peligro del lamento mal encaminado no sea solamente interior. Una determinada manera de interpretar y expresar el sufrimiento puede convertirse en una actitud colectiva, especialmente cuando la queja deja de ser una conversación con Hashem y comienza a construir una justificación para apartarse de Él.

Esto adquiere todavía mayor fuerza si lo colocamos junto al pasaje anterior. Mientras el pueblo está en marcha, existe una dirección: el campamento avanza. Pero cuando se detiene, aparece otro peligro. La mirada puede volverse hacia uno mismo; el individuo puede comenzar a encerrarse en su propio dolor, en su necesidad, en su percepción de lo que le falta. La detención puede convertirse entonces en aislamiento, y el aislamiento en queja. La queja puede transformarse en acusación y la acusación, finalmente, en un pretexto para abandonar el camino.

Por eso, para mí, Números 11:1 no habla simplemente de un pueblo que “se quejó”. Presenta una escena mucho más delicada: un pueblo que adopta la apariencia de quien se lamenta, pero cuyo lamento, según Rashi, se ha convertido en una búsqueda de pretexto para apartarse de Hashem. El lamento no es necesariamente el problema. El problema es lamentarse mal ante los oídos de Hashem: permitir que el dolor deje de ser una expresión dirigida hacia Él y se convierta en una razón para alejarse de Él. Y cuando ese movimiento deja de ser individual y alcanza al pueblo, el lamento ya no permanece dentro del corazón de una persona: se convierte en una fuerza que puede arrastrar a toda la comunidad.

Referencias

Rashi. (s. f.). Rashi on Numbers 11:1:2. Sefaria. Sefaria — Rashi on Numbers 11:1:2