El paseq: no una pausa cualquiera

Antes de continuar con algunos de los textos que estudiaré, quiero detenerme brevemente en el signo paseq (׀), porque su presencia volverá a aparecer en distintos momentos de este trabajo y, en determinados casos, puede ser relevante para la interpretación del texto.

Para esta cuestión me apoyo especialmente en la investigación de Lea Himmelfarb, «The Exegetical Role of the Paseq», publicada en Sefarad 58(2), 243–260 (1998). Recomiendo encarecidamente al lector interesado en este tema la lectura completa del artículo, ya que Himmelfarb desarrolla allí un estudio mucho más amplio de lo que puedo presentar aquí y analiza numerosos ejemplos en los que el paseq interviene de distintas maneras en la lectura del texto bíblico.

El paseq es una línea vertical que aparece entre dos palabras. No quiero entenderlo simplemente como «una pausa». Si fuera únicamente una señal genérica de pausa, cabría esperar que cada pausa de la lectura estuviera marcada mediante un paseq, y no es así. El sistema de acentuación masorético ya posee sus propios mecanismos para organizar las relaciones y divisiones de la lectura. Por eso, cuando aparece un paseq, considero necesario preguntarme qué función cumple precisamente allí.

Funciones del paseq señaladas por Himmelfarb

Himmelfarb distingue entre los casos en los que el paseq cumple una función exegética y aquellos en los que responde a otras reglas. Entre estas últimas señala:

  • Separar una unidad que contiene dos o más acentos conjuntivos.
  • Separar un Nombre Santo de una palabra adyacente.
  • Separar palabras idénticas o semejantes.
  • Separar dos palabras cuando la última letra de la primera y la primera letra de la siguiente son ambas lamed, mem o nun.
  • Separar palabras o unidades cuya proximidad pueda producir una lectura o asociación inconveniente.

A estos usos se suman los casos que constituyen el objeto principal del estudio de Himmelfarb: aquellos en los que el paseq posee una función exegética. En ellos, la separación que introduce puede modificar o impedir una interpretación que surgiría del análisis de las palabras conforme a los acentos. Para establecerlo, Himmelfarb compara la interpretación que produciría el análisis según los acentos con la que resulta de la separación marcada por el paseq, y recurre también a midrashim, targumim y otras formas de exégesis bíblica.

Esta distinción será importante para mi propio trabajo. No voy a tratar el paseq como un signo decorativo ni como una pausa colocada al azar, pero tampoco asumiré que cada aparición contiene necesariamente un significado oculto o una intención exegética. Cuando encuentre el signo, observaré primero qué palabras separa y qué función puede estar desempeñando; si existe una posible consecuencia interpretativa, estudiaré esa posibilidad a la luz de la evidencia disponible.

Esto también afecta mi método de traducción. Cuando un paseq pueda tener consecuencias sobre la interpretación de una frase, no quiero incorporarlas silenciosamente mediante la puntuación española y presentar después esa decisión como si perteneciera al texto hebreo. Prefiero distinguir entre lo que está escrito, lo que el sistema masorético señala, lo que los comentaristas han interpretado y lo que yo estoy proponiendo como posibilidad de lectura.

Un ejemplo particularmente importante aparecerá más adelante en Números 10:35:

קוּמָ֣ה׀ יְהֹוָ֗ה

El paseq aparece precisamente entre קוּמָה y יְהֹוָה (véase 12-he-he-ayin). No quiero adelantar aquí la interpretación de ese caso, porque merece ser estudiado por separado. Lo importante en este punto es dejar establecido el criterio que seguiré cuando llegue a él: no consideraré esa separación una simple pausa, pero tampoco afirmaré automáticamente que el paseq modifica el significado del versículo. Primero examinaré su función y después expondré la interpretación que considere posible.

Esta manera de proceder me parece especialmente importante porque una pequeña señal puede desaparecer completamente en una traducción, ya que esta puede colocar una coma, un punto y coma u otra marca de puntuación sin que el lector pueda distinguir qué procede del texto hebreo y qué procede de la decisión del traductor. Por eso quiero conservar, siempre que sea posible, la tensión y la estructura que encuentro en el original antes de resolverlas mediante la puntuación de nuestra lengua.

Mi intención no es convertir cada paseq en un misterio. Es algo más concreto: si el signo está allí, quiero preguntarme por qué está allí. Cuando encuentre un caso en el que su presencia pueda afectar la interpretación, remitiré al lector a la investigación de Himmelfarb y distinguiré cuidadosamente entre su análisis y mi propia lectura.

Referencias

Himmelfarb, Lea (1998). «The Exegetical Role of the Paseq.» Sefarad, 58(2), 243–260. https://doi.org/10.3989/sefarad.1998.v58.i2.818