Tus juicios son justicia

Caf He Tav

Valor 425

Salmo 119:75

עה יָדַ֣עְתִּי יְ֭הוָה כִּי־ צֶ֣דֶק מִשְׁפָּטֶ֑יךָ וֶ֝אֱמוּנָ֗ה עִנִּיתָֽנִי׃

Yada’ti Hashem ki-tzedek mishpateja, ve’emunah initani.

Conozco, Hashem, que tus juicios son justicia, y que conforme a Tu fidelidad me afligiste.

El nombre se encuentra en las palabras כִּי־ וֶ֝אֱמוּנָ֗ה עִנִּיתָֽנִי

“Porque con fidelidad me afligiste…”

Al separar las tres palabras del versículo, כִּי־ se convierte en una respuesta: “porque” es decir, responde a una pregunta, a la pregunta ¿por qué? Y la respuesta es: porque con fidelidad me afligiste.

Este nombre abre las puertas a una respuesta, a una explicación que se encuentra dentro del mismo Salmo.

Venimos de nombres que claman, piden volver, comienzan a recorrer el camino, encuentran protección, donde hay respuesta pero llega la aflicción. Esta vez David no dice “he perdido el camino, he dejado de tener la protección”, sino que se da una respuesta que no contradice lo que ha venido expresando, sino que lo fortalece: la respuesta es “veo fidelidad en la aflicción, incluso allí”.

Este versículo muestra una faceta diferente de יְהוָה a la que hasta ahora se ha desarrollado: צֶדֶק — justicia, rectitud.

Cuando buscamos en la Torá la primera vez que se dice esta raíz como una virtud asociada a Hashem, sorprende saber que es de boca del Faraón egipcio tras haber experimentado las plagas:

Entonces Faraón envió a llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: “He pecado esta vez; Hashem es el justo (הַשֵּׁם הַצַּדִּיק — Hashem HaTzadik), y yo y mi pueblo los impíos”. — Éxodo 9:27

Génesis 18:25. Durante el juicio a Sodoma, Abraham apela a este atributo de Dios diciendo: “El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer justicia (מִשְׁפָּט / Mishpat)?” Sin embargo, se trata de otra palabra, aunque en las traducciones se utilice la misma.

Este mismo Mishpat, el juicio de Dios, es lo que se pone en juego en la historia de Egipto. Si Egipto representa la estrechez y la esclavitud, el faraón representa el endurecimiento del corazón, tal como lo expresa Éxodo 7:1-4:

1 א וַיֹּ֤אמֶר יְהוָה֙ אֶל־ מֹשֶׁ֔ה רְאֵ֛ה נְתַתִּ֥יךָ אֱלֹהִ֖ים לְפַרְעֹ֑ה וְאַהֲרֹ֥ן אָחִ֖יךָ יִהְיֶ֥ה נְבִיאֶֽךָ׃

Y Hashem dijo a Moisés: Mira, te he constituido como Elohim para Faraón, y Aarón, tu hermano, será tu profeta.

2 אַתָּ֣ה תְדַבֵּ֔ר אֵ֖ת כָּל־ אֲשֶׁ֣ר אֲצַוֶּ֑ךָּ וְאַהֲרֹ֤ן אָחִ֙יךָ֙ יְדַבֵּ֣ר אֶל־ פַּרְעֹ֔ה וְשִׁלַּ֥ח אֶת־ בְּנֵֽי־ יִשְׂרָאֵ֖ל מֵאַרְצֽוֹ׃

Tú hablarás todo lo que Yo te ordene, y Aarón, tu hermano, hablará a Faraón para que deje salir de su tierra a los hijos de Israel.

3 ג וַאֲנִ֥י אַקְשֶׁ֖ה אֶת־ לֵ֣ב פַּרְעֹ֑ה וְהִרְבֵּיתִ֧י אֶת־ אֹתֹתַ֛י וְאֶת־ מוֹפְתַ֖י בְּאֶ֥רֶץ מִצְרָֽיִם׃

Pero Yo endureceré el corazón de Faraón y multiplicaré Mis señales y Mis prodigios en la tierra de Egipto.

4 ד וְלֹֽא־ יִשְׁמַ֤ע אֲלֵכֶם֙ פַּרְעֹ֔ה וְנָתַתִּ֥י אֶת־ יָדִ֖י בְּמִצְרָ֑יִם וְהוֹצֵאתִ֨י אֶת־ צִבְאֹתַ֜י אֶת־ עַמִּ֤י בְנֵֽי־ יִשְׂרָאֵל֙ מֵאֶ֣רֶץ מִצְרַ֔יִם בִּשְׁפָטִ֖ים גְּדֹלִֽים׃

Y Faraón no los escuchará; entonces pondré Mi mano sobre Egipto y sacaré a Mis ejércitos, a Mi pueblo, los hijos de Israel, de la tierra de Egipto, mediante grandes juicios. (Misma raíz utilizada en el Salmo).

5 וְיָדְע֤וּ מִצְרַ֙יִם֙ כִּֽי־ אֲנִ֣י יְהוָ֔ה בִּנְטֹתִ֥י אֶת־ יָדִ֖י עַל־ מִצְרָ֑יִם וְהוֹצֵאתִ֥י אֶת־ בְּנֵֽי־ יִשְׂרָאֵ֖ל מִתּוֹכָֽם׃

Y Egipto conocerá que Yo soy Hashem cuando extienda Mi mano sobre Egipto y saque de en medio de ellos a los hijos de Israel.

Esta historia me parece realmente reveladora precisamente porque el mismo Hashem utiliza la palabra “conocer”, con la que se inicia el versículo donde se encuentra oculto el nombre Aleph Caf Aleph: conocer.

Éxodo 7:5

וְיָדְעוּ מִצְרַיִם

Veyad’u Mitzráyim

“Y Egipto conocerá…”

  • Raíz: ידע
  • Tiempo: futuro (3.ª persona plural)
  • Traducción: conocerán / sabrán

Salmo 119:75

יָדַעְתִּי יְהוָה

Yada’ti Hashem

“He conocido, Hashem…”

o

“Sé, Hashem…”

  • Raíz: ידע
  • Tiempo: pasado (1.ª persona singular)
  • Traducción: he conocido / llegué a conocer / sé

Hashem es quien endurece el corazón del Faraón, y por esa causa el Faraón se niega a liberar al pueblo de Israel. Sin embargo, lo hace con una finalidad: “Y Egipto conocerá que Yo soy Hashem”.

La finalidad del juicio es que, aún en la estrechez (Egipto), se conozca que Él es Hashem.

La palabra Emuná proviene de la raíz hebrea אמן (aman), que expresa las ideas de firmeza, estabilidad y fidelidad. De esta misma raíz derivan palabras como Amén, que afirma “es firme” o “es verdad”. La fidelidad de Hashem es, por tanto, aquello que permanece firme y sostiene la relación incluso en medio de la aflicción.

Esto nos lleva a un “sostener” distinto pero relacionado con el nombre 07-aleph-caf-aleph. El nombre Aleph Caf Aleph reveló que Hashem sostiene la vida incluso cuando el hombre duerme y ha cesado toda actividad consciente. El nombre Caf He Tav revela el fundamento de ese sostén: la אֱמוּנָה, la fidelidad inquebrantable de Hashem. David comprende que el juicio no contradice el sostén divino; por el contrario, nace de la misma fidelidad que sostiene la existencia. Así como Egipto llegó a conocer a Hashem mediante Sus juicios, David reconoce que también él ha llegado a conocer a Hashem porque, incluso en la aflicción, descubrió que Dios nunca dejó de sostenerlo.

David lo comprende, lo expresa: el reconocimiento de Hashem presente en las situaciones difíciles. “Conozco, Hashem, que tus juicios son justicia, y que conforme a Tu fidelidad me afligiste.”

La fidelidad cercana a los 13 atributos de la misericordia 03-samej-yud-tet. Si Hashem permite una aflicción, en ella se oculta una misericordia, tal como lo expresan los juicios que recaen sobre el Faraón: lograr que el alma en la estrechez (Egipto) conozca a Hashem.

Pero, ¿dónde está exactamente la misericordia dentro del juicio? No en la ausencia del dolor —el dolor es real, tanto para Egipto como para David—, sino en su dirección. Si el propósito último de la aflicción no fuera destruir sino conducir al alma a conocer a Hashem, y conocer a Hashem es, dentro de esta misma tradición, el bien más alto posible, entonces el juicio que produce ese conocimiento deja de ser un fin en sí mismo (un castigo que se agota en el dolor) para convertirse en un medio orientado al bien de quien lo sufre. Ahí está la fidelidad de la que habla David: no en que Hashem evite la aflicción, sino en que, incluso dentro de ella, nunca deja de conducir hacia Sí mismo.

Existe, en el pensamiento occidental contemporáneo, una intuición popular que repite —a veces de forma casi vacía— que “todo pasa por algo”. Quizás esa frase, tan gastada por el uso, sea en el fondo un eco lejano y simplificado de esta misma verdad: que el sufrimiento, cuando tiene una dirección hacia el conocimiento de Hashem, no es absurdo. Algo similar ocurre con otro dicho popular: “Dios sabe lo que hace”. Se suele atribuir a una entrega pasiva, casi resignada, sin que quien lo repite note que esa frase esconde, sin saberlo, la misma intuición: que hay una razón, una dirección, detrás de lo que ocurre.

El concepto de Ein Od Milvadó —“no hay nada fuera de Él”— es una enseñanza que he escuchado, entre otros, de Daniel R. Chapán y del Rabí Daniel Kohn: una afirmación de fe plena que sostiene que Hashem está presente incluso en los momentos de dolor. Ellos no lo explican en relación con Egipto, ni con este nombre de Dios en particular, pero desde esa misma raíz me atrevo a proponer lo siguiente: si no hay nada fuera de Él, entonces tampoco puede haber, dentro del juicio, una fuerza distinta a Su misericordia actuando por separado. No es una intuición general de que “las cosas pasan por algo”: es una afirmación teológica específica y radical. No hay un espacio, ni siquiera el espacio del dolor, donde Hashem esté ausente. Si eso es cierto, entonces la pregunta “¿dónde está la misericordia en el juicio?” cambia de naturaleza: no es que la misericordia se “esconda dentro” del juicio como un segundo elemento aparte del dolor. Es que el juicio mismo, siendo enteramente de Hashem, no puede estar separado de Su misericordia, porque no hay ningún “afuera” de Hashem donde algo distinto a Él pudiera actuar.

Los grandes juicios revelaron a Hashem ante Egipto; la aflicción fiel reveló a Hashem ante David. Lo que para Faraón fue un juicio exterior, para David se convirtió en un conocimiento interior.

Efectos de la aproximación a Hashem a través de esta energía

  • Permite descubrir la presencia de Hashem incluso en medio de la aflicción.
  • Transforma el juicio en una oportunidad para conocer más profundamente a Hashem.
  • Fortalece la confianza en que la fidelidad divina permanece aun cuando las circunstancias resultan incomprensibles.
  • Revela que la aflicción no necesariamente es abandono, sino que puede formar parte del proceso mediante el cual Hashem conduce al alma hacia un conocimiento más profundo de Él.
  • Ayuda a reconocer que detrás de los juicios divinos existe una misericordia oculta orientada al crecimiento espiritual.
  • Conduce a interpretar el sufrimiento inevitable desde el sentido y no desde el absurdo, permitiendo encontrar propósito aun en las pruebas.
  • Afirma la certeza de que Hashem continúa sosteniendo la vida incluso cuando Su acción se manifiesta como disciplina o corrección.
  • Desarrolla una fe madura que ya no depende únicamente de las bendiciones recibidas, sino también de la fidelidad de Hashem experimentada en la adversidad.
  • Al dejar atrás el endurecimiento del corazón, el alma deja de necesitar el juicio como medio para conocer a Hashem.

La aproximación a Hashem mediante esta energía transforma la percepción de la aflicción: deja de verse como una contradicción del amor divino para convertirse en una expresión de Su fidelidad. Podría resumirse en una sola revelación: “Ahora comprendo por qué me sostenías incluso cuando sufría”.

Referencias

Los Salmos fueron consultados en HebrewBible y Sefaria. Las traducciones al español de los textos bíblicos son propias de la autora y buscan ser literales respecto del texto hebreo. Cuando se utilizan textos de otras fuentes, la traducción al español se indica como traducción propia de la autora.

La correspondencia entre salmo y nombre así como las palabras donde aparecen las letras de los nombres de Dios se consultaron en Gozlan. (2012). La Kabbalah de la Conexión con D-ios.

Salmo 119:75.

Éxodo 7:1-5.

Éxodo 9:27.

Génesis 18:25.